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viernes, 25 de mayo de 2018

Biosfera Trail 2018

Un año más vuelvo a Ciñera para enfrentarme a  una de las pruebas más bonitas y más duras del calendario de montaña leonés, una carrera que desde su nacimiento siempre se ha caracterizado por poner en valor esta entrañable comarca minera leonesa, por dar un exquisito trato al corredor, y por innovar año tras año creando nuevas modalidades y distancias adaptadas a las diferentes tipologías  de corredores de montaña. Personalmente, y aunque he renunciado por precaución a participar en la maratón, creo llegar en muy buenas condiciones físicas para hacer una buena carrera.
 A las 8 de la mañana dan la salida de la  maratón y a las 9 salimos los de la prueba de 26 kms. Una vuelta al pueblo inicial, un tramo llano por el sendero que une los pueblos de Ciñera y La Vid donde es posible correr muy rápido,  y tras pasar por un túnel bajo la nacional que une León y Asturias (km 2,5 - 12´:30”), comenzamos la ascensión a Peña Colorada. Es la primera montaña que asciendo en toda la temporada y se me agarra a las piernas  como una losa. Paso de correr muy cómodo y bastante rápido en el tramo inicial, a sentirme pesado y rígido como el ancla de un petrolero, y eso que he bajado unos 8 kgs de peso desde la temporada pasada, no obstante pienso que es sólo parte del proceso de adaptación a la montaña y que poco a poco iré sintiéndome mejor.  Subimos sin descanso hasta alcanzar la cresta del monte, una pequeña bajada de apenas unos 150 metros, y afrontamos entre peñas el tramo final hasta coronar Peña Colorada (km 4,75 - 48’50”).
Comenzamos un descenso muy rápido, primero por prados, luego por senda y finalmente por un tramo más técnico. Los tramos corribles bajo relativamente bien, sin embargo en los tramos que presentan una  mínima dificultad técnica voy con mucho miedo. En diciembre me caí en un descenso disputando  la Carrera de Matallana de Torío y parece que el miedo a caer de nuevo ha anidado con fuerza en mi mente, lo que hace que baje con una torpeza y lentitud infinita, y como consecuencia poco a poco me van adelantando corredores que me pasan como tiros, mientras yo desciendo a velocidad de marmota.  Llegamos abajo, un tramo llano de unos 600 metros por pista y alcanzamos el primer avituallamiento de la jornada (km 8,4 – 1h:20’:43”).  El tiempo de paso es muy bueno, pero las sensaciones no acaban de ser positivas. Bajar con tanta inseguridad me genera mucha tensión y el desgaste muscular es mayor de lo normal, por lo que me siento muy agarrotado de piernas, y lo peor es que la bajada de este primer pico es la más sencilla de toda la jornada.
Enciendo mi MP3, pienso que iré cogiendo más soltura y confianza en las bajadas a medida que avance la prueba, y con ánimos renovados afronto la ascensión al Cueto San Mateo. Un primer tramo ascendente por sendero entre bosques, un tramo llano de un kilómetro por pistas, antes  de enfrentarme al tramo final más pendiente y complicado que entre peñas nos lleva hasta cumbre. Sin contratiempo alcanzo la cumbre del Cueto San Mateo que se presenta semioculta entre la niebla y las nubes bajas. Me encuentro en el techo de la carrera (km 12,7 – 2h:10´:18”), y antes de iniciar el descenso decido tomarme un descanso de unos 3 de minutos guardando los bastones, ingiriendo una pastilla de magnesio para evitar los calambres, y contemplando las preciosas vistas que siempre nos regala esta cumbre, incluso en días grises en los que existe visibilidad reducida.
Tramo intermedio de bajada del Cuetu San Mateo - Fuente: Leonoticias
La bajada del Cueto siempre es complicada, tiene algunos tramos muy técnicos de destrepe, con y sin cuerdas fijas de apoyo, e incluso en días como hoy donde el sendero está en buen estado por no encontrarse la piedra húmeda, debe tomarse con mucha precaución para minimizar el riesgo de caída. Un tramo inicial entre peñas, un breve tramo intermedio menos pendiente y más  corrible, el tramo final de bajada más técnico y Llegamos abajo, un corto y exigente repecho, el paso a través de la emblemática galería minera y alcanzamos el segundo avituallamiento (km 15,9 – 2h:48´:50”).


Subida al Picu Cuchillar
Comenzamos la tercera ascensión de la jornada, la más corta y sencilla de toda la prueba, sin embargo al poco de comenzar a subir comienzo a sufrir fuertes calambres en los cuádriceps y eso que todavía voy por el km 16. Suelo sufrir problemas de calambres habitualmente, pero esta vez han aparecido demasiado pronto en el tiempo y demasiado lejos de meta, lo que representa un contratiempo muy serio. Comienzo a maldecir en arameo, hebreo, latín e incluso en élfico, pero no queda otra que seguir avanzando. Como quiera que sea que la subida es sencilla, con bajar el ritmo y acortar la zancada voy librando hasta llegar arriba. Coronamos el Cuchillar (km 17,2 – 3h:07´:04”), cruzamos la escombrera y por un estrecho sendero entre escobas iniciamos el rápido descenso. Aquí me debo detener en varias ocasiones y ponerme a estirar. Empiezo a tener menos futuro que la amistad entre Valentino Rossi y Marc Márquez, afortunadamente la bajada está en buen estado y no resbala tanto como en ediciones previas, lo que me facilita el trabajo.
Llegamos abajo, enlazamos con un nuevo tramo llano por pista donde voy tan ofuscado que punto estoy de saltarme el tercer avituallamiento de la jornada (km 18,6 – 3h:21´:24”). Nos  adentramos en el Faedo y afrontamos la dura ascensión por el interior del bosque de hayas centenarias que dan nombre a este emblemático bosque. Cada poco debo detenerme  a estirar, aun así voy ganando altura, supero la escombrera que se encuentra a media ascensión,  un  último tramo  de ascensión entre peñas antes de afrontar los últimos metros hasta cumbre que se deben hacer literalmente escalando.


Tramo final de "escalada" al Picu Los Casetones

Toco la cumbre de Los Casetones (km 20,2 – 3h:54´:36”), un breve cresteo, y en completa soledad inicio  un descenso que combina tramos técnicos con tramos de cómodos senderos por praderías donde es posible correr muy rápido. Yo continúo mi particular calvario personal, incapaz de correr, hasta el punto de que me tengo que detener de nuevo al cruzar un río, y aprovecho para meter a remojo mis maltrechos cuádriceps. A estas alturas ya no existen soluciones mágicas, pero las frías aguas de este arroyo supongo que ayudan a soldar temporalmente las múltiples microroturas a nivel fibrilar y mitigan por un corto espacio de tiempo mis molestias musculares.
Entramos de nuevo en el Faedo, y para mi sorpresa este año no atravesamos la senda de tarima que serpentea  por el  interior de este centenario bosque, sino que avanzamos por un estrecho sendero que discurre por la ladera opuesta del estrecho valle.
Alfredo Álvarez y Pablo Ródriguez entrando en el Faedo de Ciñera
Y toca afrontar la quinta y última ascensión de la jornada. Afortunadamente en esta ocasión llevo suficiente margen como para no tener que preocuparme por el cierre de control, pero voy tan tocado en lo físico, y tan quemado a nivel psicológico, que tengo la sensación de estar escalando un ochomil.  Primer tramo de subida por piedra suelta, un ligero descansillo a media subida donde está ubicado el último avituallamiento de la jornada y finalmente un último tramo de nuevo entre peñas que nos conduce a la cumbre de La Sardonal (km 23,3 - 4h:56´:48”).
Cresteo final por la cumbre de La Sardonal con los pueblos de Ciñera y La Vid al fondo del valle
Por delante queda un cresteo técnico y la bajada final camino de meta. Y aquí es donde la frustración alcanza niveles extremos, veo impotente como uno detrás de otro me van superando infinidad de corredores de la prueba corta, corredores de la prueba  larga (46 kms), una familia completa de orugas procesionarias,3 tortugas laud, una excursión de afectados por silicosis con la bombona de oxígeno a la espalda, La Santa hermandad del Cristo de los 7 clavos posesionando con los pasos de Semana Santa al hombro, e incluso la Banda de Gaitas ciudad de Oviedo al completo tocando la danza del Oso mientras desfilan vestidos con el traje regional. Y es que  el cresteo se me hace más largo que largo que un carrera de caballitos de mar en el hipódromo de la Zarzuela , pero acaba y comienza el descenso final, y es todavía más duro porque aquí los cuádriceps sí que van ya al límite.
Mientras desciendo caminando observado impotente con me siguen adelantando corredores, hasta que me sobrepasa el mismísimo espíritu del malogrado Sthepen Hawkins en su silla de ruedas, y con su característica voz electrónica me dice: “He dedicado toda mi vida a estudiar los agujeros negros a nivel teórico, y resulta que tenía uno real delante de mis narices, Bisonte ¿Dónde has estado toda mi vida? eres un auténtico agujero negro, eres capaz de hacer desaparecer cantidades ingentes de energía y materia cuando corres por montaña. ¡Anda artista, agarrate a la silla que te llevo hasta meta!”.
A ver si acaba pronto esta odisea que nada tiene de épica y mucho de absurda. Llego a las primeras casas de Ciñera, aproximadamente unos 700-800 metros llanos me separan de meta. Sigo andando sin la menor intención de correr, sin embargo la agradable conversación con otro corredor que me alcanza, me aporta ánimos renovados, y más por orgullo que por fuerzas completo corriendo los últimos 400 metros para entrar en meta con la sensación de estar más devaluado como corredor que un título universitario de la Universidad pública Rey Juan Carlos.
Por primera vez en muchos años no miro el reloj en meta.  El tiempo límite no es un problema y doy por sentado que habré tardado unas 6 horas. Al día siguiente, ya en frío,  compruebo que en completar los 26 kilómetros con 4.400 metros de desnivel acumulado (2200 positivos y 2200 negativos) he tardado 5h:35’:45”  a 2h:27´:33” del ganador que fue Guillermo Sánchez Ledo, ocupando el puesto 56 sobre 100 corredores en meta.
¡Qué gran paradoja! Acabo de acabar mi quinta Biosfera Trail, una carrera que me encanta y donde siempre me han tratado muy, muy bien, acabo de conseguir probablemente el mejor tiempo de mis 5 participaciones, y me voy con una sensación de desilusión, decepción personal y fracaso deportivo tremenda.  Lo cierto es que la montaña siempre imparte justicia, aquí no hay arbitrajes polémicos, ni decisiones extrañas, sencillamente la montaña te pone en el lugar que te corresponde. Yo había llegado extremadamente confiado, ya tan crecido que pensaba que  iba a ser capaz de mear medio litro de colonia de marca por cada litro de agua que fuese capaz de ingerir en cada avituallamiento, y aun siendo capaz de llegar  a meta, hoy la Biosfera me ha derrotado. ¿Cuánto vale esta meta? NADA. El sufrimiento siempre debe ser un personaje secundario en cualquier prueba de resistencia, pero si se convierte en protagonista principal de la obra, el deporte popular pierde todo su sentido. Tiempo habrá de analizar lo sucedido, de modificar entrenamientos, y espero que de volver con renovadas fuerzas.

Próxima parada del Bisonte World Tour 2018: TRANSFRONTERIZA


Perfil de la Biosfera Trail 2018

lunes, 5 de marzo de 2018

La Paramada 2018


Amanece en La Geria con una temperatura que roza los 0ºC y  cielos despejados. Algo más de 800 corredores esperamos apelotonados en la línea de salida a que abran las puertas de nuestro particular encierro. Emoción, nervios y muchas dudas se concentran en ese reducido espacio físico. Es curioso cuando menos que precisamente el año en que tengo como objetivo carreras ultras con importantes desniveles acumulados, decida comenzar la  temporada alejado de la montaña y corriendo por las llanas tierras del páramo castellano, pero como postulaba el ilustre Albert Einstein:  “no es posible esperar resultados diferentes, si siempre se hace lo mismo”, así que este año tocaba cambiar de raíz y este es lugar elegido para comenzar temporada, abandonado la protección de las montañas del Reino de Léon, para cruzar la frontera y adentrarme en territorio del vecino Reino de Castilla.

Finaliza la cuenta atrás, y como si del chupinazo de los San Fermines se tratase, los corredores salen en estampida como era previsible en una prueba de estas características. Una vuelta inicial por las calles del pueblo para estirar el grupo, aproximadamente a los 600 metros pasamos de nuevo bajo el arco de meta, 600 metros llanos por carretera y comenzamos la primera ascensión de la jornada.  La práctica totalidad de los corredores que me preceden suben corriendo, y de repente  aparece uno de León que dice ser corredor de montaña y en la primera “cuestina” que encuentra deja de correr y se  pone a caminar. Esto no hace más que confirmar mi teoría de que tengo menos porvenir corriendo por montaña que Aramis Fuster trabajando como modelo de lencería femenina.  Apenas  500 metros más adelante los destinos de los corredores de la prueba corta y larga se separan, los atletas de la  prueba corta giran a la izquierda, mientras que los  disputamos la prueba de 20 kilómetros  giramos a la derecha. Entramos en un estrecho sendero que serpentea por medio del pinar en un constante subir y bajar con escasa pendiente, hasta que sin darte cuenta alcanzas el primer avituallamiento de la jornada (km 5).  Miro mi reloj y marca 25’:58”. Al correr en fila de a uno, sin darte cuenta tiendes a correr a ritmos elevados para tratar de pasar inadvertido entre tanta gacela. 


Salimos del avituallamiento y me veo corriendo rodeado de corredores con camiseta morada del Trail Sport Toro. Paradójico cuando menos, no obstante no parece mala ubicación para un bisonte correr insertado en una manada de “toros”. Enlazamos una rápida bajada por amplia pista de unos 500-600 metros, giro brusco a la izquierda de unos 135 grados y comenzamos a subir por un sendero en el lado opuesto de este pequeño valle, otro giro  a la  derecha y de nuevo a volar por senderos serpenteantes entre pinares hasta que te encuentras con el primer “muro”, una subida corta pero muy explosiva, que al ser sobre terreno de arena suelta te obliga a tirar de brazos para ganar tracción, coronas este fuerte repecho y alcanzas el segundo avituallamiento (km  10,2).


 Necesito perder unos segundos mientras recupero el resuello por esfuerzo acumulado en esta última cuesta, un rápido vistazo al reloj (54’:45”) y  de nuevo a correr. Se me está pasando la prueba volando y eso es señal inequívoca de que estoy disfrutando por los Montes Torozos.  600 metros de rápido descenso por una amplia pista camino de Simancas, llegamos de nuevo a los pies de la colina, un nuevo giro para enlazar una vez más con el estrecho sendero que se adentra en el pinar. Acabamos de superar el ecuador teórico de la prueba y es momento de calibrar la situación. Estoy corriendo mucho más rápido de lo habitual y no estoy seguro de que pueda aguantar este ritmo hasta meta, pero de lograrlo me plantaría en meta en 1h:50’, cuando en la  mejor de mis previsiones me iba a costar bajar de las 2 horas, sin embargo las sensaciones son muy buenas y parece que las piernas responden. Seguimos serpenteando, una veces subiendo, otras bajando, la mayor parte por falsos llanos a medida que giramos en la ladera del otero, podemos divisar en la distancia las edificaciones de Valladolid, la proximidad con una ciudad de tamaño grande explica en parte la gran afluencia de corredores a la prueba, aunque como voy poco a poco comprobando hay muchas más razones que explican el éxito de la prueba. Continuamos el de devenir hasta encontrar el tercer avituallamiento (km 15) tiempo 1h:20:24. Parada muy breve porque la temperatura es fresca, la sudoración escasa y consecuentemente la perdida de líquidos limitada. De nuevo arrancamos andando cuesta arriba por una amplia pista. Soy el único corredor de montaña que solo rinde en llano y es incapaz de correr cuesta arriba, menuda carta de presentación para un “montañero”,  un fenómeno paranormal tan extraño solo sería equiparable a ver a Sergio Ramos respondiendo con acierto las preguntas de Jordi Hurtado en “Saber y ganar”. A pesar de lo expuesto, el ritmo de ascenso y la longitud de la zancada me permiten adelantar algunos corredores,  y uno de ellos sorprendido al ser adelantado por un corredor de gran tamaño con camiseta de Wally me dice  “te tiene  que costar mucho mover tanto peso” .. y eso que ahora me coge en los “huesos” , si me ve hace mes y medio con 7 kgs más  llegaría a pensar que estaba siendo adelantado por un luchador de sumo.  700 metros de cómodo ascenso, coronamos  y siguiendo la misma pista nos enfrentamos a 2 km completamente llanos en la cota máxima de la prueba ( 845 metros de altitud), 2 kms  que se recorren por pistas completamente rectas, monótonas e infinitas para quien vaya con malas piernas, terriblemente gratificantes para alguien que venga con buenas piernas pues se puede correr muy rápido. Al final de la pista km 17,5 (1:30:54) se encuentra el último avituallamiento de la jornada, de nuevo nos adentramos por sinuosos senderos en el interior del pinar, las piernas ya empiezan a notar el castigo y está vez las subidas y bajadas o son más pronunciadas o al menos se hacen mucho más duras  lo que contribuye a romper el ritmo. 

Yo empiezo a notar que se me acaba el combustible pero la meta no puede estar lejos y los últimos kms se hacen más con el corazón que con las piernas.  Paso el km 19, última bajada y a meta….pero para mi sorpresa ¡no!, otro requiebro y de nuevo a subir, ¡venga bisonte, que ya está ya si que es la última. Bajada pronunciada,  paso por el km 20 en 1h:48…y ni rastro de meta,  y al paso por el km 20,5 otro giro brusco y de frente y a traición nos encontramos con otra  imponente cuesta de unos 200-300 metros. A estas alturas ya se encienden todos los pilotos de alarma en el cuadro de mandos ¡May Day, May day!¡Boing 747 llamando a torre, el depósito de queroseno está completamente vacío, o me buscáis pista para aterrizar urgentemente o el gran pájaro de hierro se estrella! Subo fundido y con paso de procesión de semana santa, viendo con cierta impotencia como me adelantan 4 o 5 corredores, coronamos y nueva bajada pronunciada, que esta vez si es la última. Por delante algo má de un kilómetro para volar, aunque voy con los primeros amagos de calambres en gemelo.



A 500- 600 metros de meta la organización todavía nos tiene preparada una última sorpresa al más puro estilo Spartan Race  y  nos hace  cruzar por debajo de un puente que sólo tiene 1,70 metros de altura, lo que dada mi atípica morfología de corredor,  y que  las piernas ya no están para muchos alardes, me deja plegado como un acordeón.  

Un último esfuerzo por las calles de La Gería  para cruzar la pancarta de meta esprintando con  un tiempo de  1h:58:18 (puesto 51 sobre 294 corredores en meta), a 26’:07” de un intratable Santiago Mezquita, que una vez más, y ya van tres en cuatro ediciones, ha vuelta a vencer en  la Paramada  con un fantástico tiempo de 1h:32’:11”.


A pesar de que los dos últimos kms se me han hecho eternos, me voy muy contento de tierras vallisoletanas. El tiempo empleado en completar esos 22 kms con sus 1010 metros de desnivel acumulado, y el puesto final superan con creces las expectativas de partida. En cuanto a la carrera, he de decir que me ha sorprendido muy gratamente. Es una prueba que reúne un  recorrido entretenido, una buena organización en todos los aspectos, un gran ambiente de carrera, una excelente bolsa del corredor y un ágape en la carpa de meta que ya si por si sólo bien vale una inscripción. Sin tener ningún aspecto especial, si es una prueba que engancha al corredor, además de ser por sus características técnicas una carrera ideal para aquellos que quieran dar el salto del asfalto al trail. Sinceramente me voy con la sensación de que me volveréis a ver corriendo La Paramada en futuras ediciones.


Nos vemos corriendo por montaña.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Resumen temporada 2017

Hoy finaliza un año con muchas más sombras que luces  en el aspecto deportivo. Los persistentes y en ocasiones incapacitantes problemas de soleo y gemelo han marcado el devenir de una temporada en la que apenas pude correr seis carreras y en las que sólo disputé un par de carreras de las inicialmente proyectadas al comienzo de temporada. En un alarde de demagogia podría echarle la culpa a la mala suerte, pero lo cierto es que la culpa la tiene la combinación de una mala planificación, un peso impropio de la disciplina y el retroceso físico propio de la edad que irremediablemente hace mella en la condición física de cualquier deportista. Sin embargo no todo han sido sombras, las escasas luces de la temporada han sido efímeras pero sorprendentemente luminiscentes. Dos momentos puntuales cumplen esta premisa: El segundo puesto en el cajón de la prueba combinada de Villafeide-Polvoreda, siendo mi primer podio en diecisiete años, y por encima de este momento, alcanzado más por demérito de otros competidores que por merito propio, me quedo con  la diputa de mi primera prueba por etapas y por parejas en la Babia Sherpa Tour. La experiencia  de recuperar la competitividad perdida muchos años atrás y verme luchando por entrar en el TOP 15 de la prueba en dos exigentes días de competición me hicieron recuperar sensaciones que creía olvidadas.

El año finalizado ya es historia, ahora sólo queda pensar en la temporada que comienza con algún nuevo proyecto en mente y dos grandes retos por delante: la 1ª maratón Biosfera Trail y la Maratón ReinoAstur Nembra que este año será todavía más difícil con la nada desdeñable cifra de 55 kms de alta montaña. Esperemos que los vientos nos sean propicios.

Aquí dejo un resumen de la temporada:




Os deseo salud y un prospero año 2018 a todos . ¡Nos vemos corriendo por montaña!

viernes, 8 de diciembre de 2017

Carrera por Montaña Matallana de Torío 2017

Los corredores de montaña somos en ocasiones una suerte de modernos conquistadores, y como tal nos comportamos  de manera completamente  inconsciente. Viajamos grandes distancias para llegar a pueblos recónditos y apartados de los circuitos turísticos habituales, lugares que en muchos casos nunca llegaríamos a conocer si no fuera por la existencia de carreras, corremos lo más rápido que podemos para conquistar esa ansiada pancarta de meta, y nos volvemos a casa con el botín conseguido, en algunos casos son botines materiales -trofeo, medalla de finisher o una  bolsa del corredor cargada de obsequios y productos locales- , en otros son botines de carácter intangible -recuerdos gravados en fuego en la memoría-, pero al igual que previamente hicieron  los  romanos con el oro de Las Medulas, o los españoles con la plata de Potosí, pocas veces nos paramos a pensar en el ingente trabajo que subyace bajo estos recursos que nos llevamos, o dicho de otra manera menos prosaica, no analizamos el ingente trabajo acumulado por organizadores y voluntarios para que esas carreras puedan existir. Lo vemos como una suerte de derecho personal, porque para eso pagamos una inscripción, y no como un  privilegio fruto de los desvelos de esos aborígenes locales que lo hacen posible. Solemos mirar pero somos incapaces de ver, y esto sucede de manera irremediable  hasta que un golpe de timón del destino  nos permite ver con claridad.  En mi caso, esto sucedió dos años atrás en este mismo lugar, cuando la nao comandada por este intrépido capitán de agua salada que buscaba desesperadamente el Dorado,  embarrancó en las dulces y poco profundas  aguas del curso medio del Río Torío, y allí tuvo su  primer contacto con  los aborígenes locales que habitaban estas tierras de media montaña, gentes amables, nobles y trabajadoras que luchaban por dar a conocer y por sacar adelante su incipiente proyecto de carrera por montaña. Y  ahora es cuando como buen colonizador, desde la visión etnocéntrica de hombre blanco, debería decir  sin rubor que yo decidí adoptarlos, nada más lejos de la realidad por otro lado, lo cierto es que al igual que los misioneros jesuitas que se adentraron en la selva amazónica buscando  evangelizar a las tribus locales, y sin darse cuenta acabaron ellos mismos  convertidos en indios, en mi caso fueron Miguel, Camino y Joaquín los que me adoptaron a mi, y desde entonces viajo cómodamente instalado en lo alto de este pequeño  icerberg de altruismo que navega a la deriva por el inmenso océano de interés económicos en el que por momentos se está convirtiendo nuestro mundo de las carreras por montaña, intentando no derretirse por el camino. He visto a los organizadores trabajar muy duro para sacar adelante este bonito proyecto contra viento y marea, abriendo a mano y sin la ayuda de ninguna maquinaria más de 5 kilómetros de sendas a través de espesos bosques, buscar lugares emblemáticos que permanecían abandonados -trincheras de la Guera Civil, antiguos castros astures, edificaciones civiles como el Calero o vías de comunicación en desuso como la Via Bardaya- para ponerlos en valor, les he visto aunar voluntades con la dificultad que eso entraña en una tierra como la nuestra,  para que la administración local y los habitantes locales  remarán todos juntos  en la misma dirección, consiguiendo  que todos se ilusionasen y se sintiesen importantes en este proyecto,  y por encima de todo consiguiendo  poner de nuevo a este pequeño y olvidado  municipio de la montaña leonesa en el mapa. No pueden devolver el empleo y  la vitalidad que esta tierra minera  tuvo en tiempos pasados, pero si pueden contribuir a pequeña escala a  dinamizar el comercio y la hostelería local, y lo más importante  a recuperar el orgullo y la autoestima  que la crisis del carbón se llevó por delante. Esta tierra acogedora es una maravilla, sus gentes cuando trabajan unidas son insuperables, y el futuro lo escribirán ellos y sus hijos con sus ganas de seguir luchando, esto es algo que no deben de olvidar.  Y todo lo anteriormente expuesto ha sido realizado desde el altruismo más absoluto, porque los organizadores no sólo no buscan el beneficio económico, sino que evitan el reconocimiento personal que se esconde detrás del ego individual que en mayor o menos medida todos los humanos tenemos. Cualquier  pequeño granito de arena que puedes haber aportado al proyecto, ellos te lo devuelven multiplicado por cien en forma de gratitud y reconocimiento, entenderéis  que no pueda ser objetivo con una prueba que he visto nacer y crecer, y con la que me siendo totalmente identificado, ya que siendo de fuera, me han hecho sentir uno más de la casa. Y tras el tostón que os acabo de colar como introducción, y por si todavía queda algún lector despistado por aquí, os voy a hablar de la carrera.

Tres Tractores y un destino en la salida: Tomás Baños, Kubota y el Bisonte del Carbayedo
 Llega el día marcado en rojo en  el calendario, todo  el trabajo acumulado durante los últimos 364 días se pone a prueba en apenas una mañana y todo debe salir perfecto, Como ante cualquier examen siempre llegan las dudas de última hora, lo que me lleva a estar  desde las 4 de la mañana despierto y dándole vueltas a la cabeza por los nervios. Y aquí estamos, en una fría mañana leonesa, con -5ªC de temperatura y un radiante cielo azul esperando a que todo el mecanismo se ponga en funcionamiento. A las 9 en punto se da la salida y arranca la prueba. Salimos  de Robles de la Valcueva, cogemos el camino de tierra y en menos de 300 metros  ya estamos pisando nieve, esa estrella invitada que nos acompañará durante más de un 90% de la prueba convirtiéndose en protagonista indiscutible de la jornada. Mi planteamiento inicial es correr muy rápido al principio para tener margen en el tramo final de la prueba que es muy duro y  donde con total seguridad voy a llegar reptando como una culebra, aún así a las primeras de cambio me detengo para hacerme fotos con Tomás Baños...y lo más  preocupante es que las fotos nos las hace Javi Villafeide  que ejerce de corredor escoba  lo que da una idea clara de la velocidad endiablada que llevamos.

Con el maestro Baños en la ascensión al Alto de la Cota con el Picu Polvoreda de fondo 
Primera ascensión de la jornada (foto gentileza de Boscox Trail)
 Ascendemos por una cómoda pista la primera de las 7 cumbres de la jornada, hacemos cumbre en el Alto de la Cota (km 1,35 - tiempo 15':10").  Bajada rápida por cortafuegos, un sencillo tramo llano por senda y carretera y alcanzamos  el pueblo de Pardavé. Cruzamos el puente sobre el Río Torío y tras pasar por un un túnel bajo la carretera  León-Coyanzo comenzamos la ascensión al Canto Sardón  (km 5,3 - tiempo  37':55")
Tramo incial de ascensión al Canto Sardón (Foto gentileza de Cundi Vega)
Por delante 1,7 kms de ascensión, con un tramo inicial  más pindio por terreno de piedra suelta, para posteriormente enlazar  con un  un estrecho sendero nevado  que a través de un bosquecillo de robles y encinas nos lleva a coronar esta cómoda segunda ascensión con una espectacular vista del Picu Polvoreda completamente nevado como telón de fondo (km 7- tiempo 1h:00':10")

Bajada rápida de nuevo por pistas hasta el pueblo de Naredo de Fenar donde se encuentra el primer avituallamiento solido del día (km 9,6 -1h:16':52"). Otro tramo llano por carretera para correr y tras cruzar las vías del tren comenzamos la tercera ascensión de la jornada, una doble cumbre que nos llevará primero al Alto del Castro y posteriormente a la Collada del Horno . De nuevo sendas nevadas  desbrozadas a mano entre bosque de robles centenarios hasta pisar una cumbre (km 10 - tiempo 1h:49':13"), donde se encuentran  los restos de lo que pudiera ser un antiguo castro astur, o  quizas los restos de trincheras de la Guerra Civil.
El Bisonte del Carbayedo perfectamente mimetizado con el entorno nevado durante la tercera ascensión
Sin tiempo que perder  iniciamos el descenso por una bajada corta pero muy pendiente y con algún tramo embarrado  entre felechos  que guarda ya una considerable dificultad técnica. Llegando abajo me encuentro con un corredor que se  ha caído durante el descenso con la mala fortuna de haberse  clavado un palo en la mano. El chico baja muy dolorido y la lesión no tiene buena pinta, va en compañía de otro corredor, por lo que lo más acertado es incrementar el ritmo y buscar con celeridad la ayuda de voluntarios para que  lo evacuen lo antes posible. Por mucho que nos digan que se trata de gajes del oficio, siempre te deja mal cuerpo ver a un compañero lesionado, más que nada por que es imposible no pensar que eso mismo te puede suceder a ti en cualquier momento.

Bajando de La Colada del Horno 
Casi sin darnos cuenta alcanzamos uno de los puntos más carismáticos  de la prueba, el cruce del rio Torio, y es que hay que estar un poco loco o te tiene que gustar mucho correr por montaña, para cruzar un río de montaña en el mes de diciembre y con el agua a una temperatura estimada de 10ºC, pero esto es León y aquí somos somos todos gente aguerrida. Lo cierto es que a mi me encanta y creo que este tramo concreto le aporta personalidad a la prueba, aunque habrá mucha gente que no este de acuerdo con mi opinión.  Hay mucha expectación,  y tengo que apurar al bueno de Tomás Baños que se ha detenido en mitad del río con el fin de posar ante los múltiples fotógrafos que se agolpan en el margen opuesto del curso fluvial y me está robando protagonismo, y es que los tractoristas correr no correremos un pijo, pero el postureo y una buena foto para la posteridad,  nos gustan más que un fotocall y una alfombra roja a las estrellas del cine.

Cruce del Río Torío 
Con cara de sorpresa: ¿Pero este "reguerín" ye el famosu río? 
Con 2h:14':06" en las piernas y al paso por el kilómetro 12 aproximadamente, el cruce del río marca el  fin del tramo de  calentamiento y el comienzo de la carrera en sentido estricto , y decir que hasta ahora hemos estado calentando cuando la  temperatura ambiente  ronda los 0ªC,  tras correr por nieve más de 10 kms  y llevar los pies mojados por haber cruzado un río de aguas gélidas  es para que a uno le encierren en el sanatorio mental más próximo. Abandonamos el  río por un sendero embarrado, pasamos al lado  de la estación de Matallana y enlazamos con la emblemática Via Bardaya, antigua ruta por la que se sacaba el carbón de la zona. Un tramo llano por la citada vía, giramos a la derecha y comenzamos la subida a Los Mapas, cuarta cumbre del día. El tramos inicial es el más complicado, se han formado placas de hielo sobre la piedra y el barro, y resbala mucho, además sopla una aire frío del norte que es mucho mejor y más barato  para mantener tersa la piel del rostro  que el todo el ácido hialurónico que se inyectan los famosos.  Finalizado este tramo inicial entramos de de nuevo en una preciosa senda que zizaguea entre robles y escobas hasta que por sorpresa alcanzamos  la cumbre a unos 1200 metros de altitud. De nuevo sin tiempo que  perder  rápida bajada  con algún tramo  técnico que nos lleva al primer control de paso de la jornada.

Al paso por Miranda de Matallana (km 15,3) donde se encuentra el primer punto de corte mi reloj marca 2h:43':06", por lo que llevo media hora ganada al cierre de control, y con ese margen se que salvo lesión grave,  voy a entrar en tiempo en meta aunque tenga que hacer lo que resta de carrera andando. Con la moral a tope y las piernas razonablemente intactas a nivel muscular comienzo la quinta ascensión de la jornada. Sin contratiempos y a un ritmo bastante aceptable consigo coronar el Alto del Calero (3h:05':48") y entramos en un tramo de falso llano entre escobas donde se puede  correr muy rápido, antes de alcanzar la pequeña bajada que nos lleva hasta  Valdesalinas.

Saúl Jiménez en el tramo de descenso camino de Valdesalinas
Al alcanzar ese pequeño tramo de descenso, me encuentro con que al ser cara norte y producto del paso de más de 250 corredores previamente, la nieve se ha compactado formando un tobogán de hielo en algunas zonas. Por falta de pericia y confianza, decido bajar sentado, lo que demostró ser una mala decisión.  Me siento y decido bajar de culo con los bastones en la mano, sin pararme a pensar que una vez que pones en marcha 98 kgs  por una superficie pendiente y altamente deslizante,  y tan pronto como la fuerza de la gravedad entra en acción,  es muy difícil detener semejante masa móvil,  así que pierdo el control,  suelto los bastones y bajo sin control hasta  me detengo en seco tras chocar contra unas escobas y unas piedras. ¡Un montón de años corriendo por el monte y las sigo liando como Amancio a las primeras de cambio! Por vergüenza ante tan maña  torpeza,  me levanto de un salto para que no se note mucho lo inútil que soy, , recojo los bastones e intento arrancar caminando mientras analizo las consecuencias de tan estúpido incidente.
Disfrutando del Aquapark de Benidorm momentos antes de pegarme el "hostión".
Escucho a Paquito Bañeza que viene justo detrás comentar: - Menuda raja que tienes.
Lo  primero que pienso es que me he cargado el pantalón y que voy entrar en meta enseñando el culo convertido en  stripper de Las Vegas.  Le pregunto  si es el pantalón , y me contesta  que la raja la tengo en ambos gemelos.  Me detengo a un lado, le dejo pasar  y compruebo lo expuesto. Efectivamente  al golpearme con alguna piedra, es como si alguien me hubiese cortado ambos músculos con un alambre,  veo  una fina  brecha que me atraviesa transversalmente ambos gemelos, aunque entre la tensión del golpe y el frío  lo cierto es que tengo la sensación de ir completamente anestesiado y no siento ni el más mínimo dolor. Sigo caminando con mucha precaución y confío en que se trate de un corte superficial que no me impida continuar.

Valle de Valdesalinas con la peña al fondo
Alcanzo  al amplio valle de Valdesalinas que luce un precisoso manto blanco y ante mi se abre una inmensa pradería con poca pendiente  donde se podría  correr muy rápido, pero opto por hacerla andando  hasta que pueda emitir un diagnóstico fiable de mi situación física. Al final de la vega se divisa la  peña donde otrora hubo una ermita y donde espera de voluntario Javier NistalAsciendo la peña,  nos descolgamos por una corta, pero muy complicada  canal que debemos descender agarrados a una cuerda y alcanzamos el avituallamiento situado en el km 17,5 (3h:09':37").

Llegando al alto de la peña con el Valle de Valdesalinas al fondo (foto gentileza de Javier Nistal)
Asciendo la peña,  nos descolgamos por una corta, pero muy complicada  canal que debemos descender agarrados a una cuerda y alcanzamos el avituallamiento situado en el km 17,5 (3h:09':37").

Tramo muy técnico de descenso de la peña 
Por delante  algo más de 10 kms y dos cumbres todavía por superar antes de alcanzar la meta. Comienza la ascensión al Coto Salón, que alcanzando la cota de los 1500 metros se convierte en el coloso alpino de la jornada. Salgo del avituallamiento y afronto los 2 kilómetros de ascensión que tras superar unos 450 metros de desnivel acumulado me permitan alcanzar esta bonita cumbre. Enciendo el MP3 para que la música me ayude con el esfuerzo, agacho la cabeza y comienzo la dura ascensión por un estrecho sendero que zigzaguea de nuevo por un tupido bosque de robles centenarios. Pongo la altitud en el reloj y me centro en ascender en solitario mientras veo subir la cota en el altímetro, porque aquí no hay deporte de equipo, ni ayudas externas, es un duelo a cara de perro entre la montaña y el que la asciende.

Tramo final de ascensión al Coto Salón

Bandera de León ondeando a escasos metros de la cumbre del Coto Salón
Poco a poco voy ganando altura  sin divisar en ningún momento la cumbre,  hasta que por sorpresa aparece una bandera de León que ondea al viento y que marca la cima. Acabamos de alcanzar la cumbre del Coto Salón (km 19,4 - tiempo 3h:51.56"). Estamos en el que sin lugar a dudas es el punto más emblemático de toda la carrera.  En medio de la espesa vegetación y  casi completamente oculta bajo la nieve  aparece la Casamata, el nido de ametralladoras de la Guerra civil que en perfecta simbiosis con la naturaleza se encuentra en un sorprendente buen estado de conservación y nos recuerda que hace apenas ocho  décadas   en este país hubo un terrible enfrentamiento entre hermanos por culpa de la puñetera política. Me detengo por espacio de unos 5 minutos, con tiempo para hacerme una foto con Paquito que viene unos metros por detrás , y para disfrutar con las increíbles vistas
Con Paquito en la Cumbre de Coto Salón
Al norte se presenta majestuosa esa imponente pirámide de piedra de 2007 metros que es el  Picu Polvoreda y que con su tupido manto blanco ejerce una fuerza magnética que hipnotiza.  Junto al Polvoreda, aparece un  pleyade  de cumbres nevadas,  cuya visión te traslada a otras latitudes con climas polares. Girando 180 grados, y mirando al sur aparece  la interminable  llanura leonesa que se presenta vestida de blanco y que nos muestra gráficamente porque el nido de ametralladoras se encontraba  casualmente  dispuesto en este preciso lugar. Las vistas son sencillamente sublimes y más en un día como despejado como el que tenemos hoy.

Así de esplendido luce el Picu Polvoreda (2007 metros) desde la cumbre del Coto Salón.
La parte inicial del descenso  discurre por un sendero en buen estado  entre escobas, y donde a pesar de estar cubierto de nieve se puede bajar relativamente  rápido, pero yo voy  muy despacio y con una inseguridad terrible. Entre el accidente del corredor evacuado en la tercera bajada y mi caída bajando camino de Valdesalinas, voy completamente cruzado, y tengo la sensación de bajar conduciendo  un tractor   con ruedas cuadradas. Poco a poco me van adelantando corredores que se escapan sin que les pueda seguir, y es que soy consciente de que estoy bajando de una manera lamentable, tanto que no no se había  visto nada más triste desde la muerte de Chanquete en Verano Azul.  Acabamos el tramo inicial de descenso y enlazamos  de nuevo con  sendas que atraviesan el bosque, la pendiente se incrementa, el barro se convierte en protagonista y mi problema empeora. Voy completamente bloqueado mentalmente, midiendo cada pisada como si estuviese escayolado de ambas piernas y en vez de bastones bajara apoyado en muletas, lo que hace que además de bajar muy despacio, vaya acumulando mucho cansancio por la tensión que me está generando la situación. La bajada se me hace interminable y noto los primeros amagos de calambre. Finalmente llego abajo y una sensación de alivio se apodera de mi, tanto que me permito el lujo de pasar  saltando y haciendo el tonto por delante del bueno de Cundi Vega que está ejerciendo de fotógrafo como en tantas otras ocasiones. Y es que al igual que el vídeo acabo con la estrella de la radio, el postureo va camino de acabar con el corredor popular.
El autentico y genuino  Cojo Manteca, el corredor que sólo tenía una pierna (foto gentileza Cundi Vega)
Llegamos a La Valcueva (km 22). He tardado 40 minutos en recorrer los apenas 2,7 kms de descenso, lo que significa  que he bajado a la deprimente  velocidad de 13,5 min/km, o lo que es lo mismo he marcado un nuevo hito tardando el mismo tiempo en bajar que en subir.

 Apenas un  kilómetro de falso llano descendente   por carretera  hasta alcanzar el avituallamiento de Palazuelo de La valcueva  donde sigo  completamente agarrotado . Y en este punto (km 24-   tiempo 4h:35':27"), me gasto todos los comodines que me quedan en la baraja: enantium, pastilla de magnesio e ingesta de bebida isotónica en abundancia, algo que había olvidado a lo largo de la mañana por las bajas temperaturas.

El tiempo no es un problema, pero el deterioro muscular es manifiesto y los casi 5 kms que quedan a meta se me van a hacer más largos que noventa  minutos en el Santiago Bernabeu.  El tramo de ascensión inicial  al Alto de la Cruz  es tendido  y muy sencillo, aún  así  en seguida empiezan los calambres en el basto interno de ambas piernas. Por experiencia sé que es imposible intentar estirar este grupo muscular completo  a estas alturas  porque los calambres  aparecen en otros grupos musculares reflejos. Solo queda bajar ritmo e intentar subir con calma esperando que el enantium  haga su trabajo y me ayude a relajar muscularmente.
Así de bonita se veía la subida al Alto de la Cruz
Tramo intermedio de ascensión al Alto de la Cruz
En compañía de Paquito  consigo coronar (km 25,2- tiempo 4h:58':34").  Una breve parada con los voluntarios, una pequeña pero técnica bajada y enfrentamos la última subida, pues para sorpresa de quien no conozca el recorrido,  se trata de una doble cumbre.

Posando con los voluntarios en el Altoide la Cruz
Corono el último repecho a 3 kms de meta, cuelgo los bastones en la espalda para bajar con ambas manos libres y  afronto el tramo final  . Por delante casi  un kilómetro inicial  por cortafuegos con poco desnivel  y donde se podría correr muy rápido si se tuviesen piernas, pero sigo con amago de calambres en el soleo-gemelo que me lleva dando guerra toda la temporada, y a 2 kms de meta te desvías de nuevo y comienzas la bajada por un sendero técnico que zigzaguea por el bosque. Lo afronto con temor dados los  antecedentes, sin embargo y para mi sorpresa, esta bajada la hago con mucha soltura y corriendo integramente. Han pasado tres cuartos de horas  desde el avituallamiento y parece que el magnesio y el enantium han hecho su trabajo, y ya sea por un efecto químico real,  por efecto placebo, o una combinación de ambos efectos, lo cierto es que por arte de magia han desparecido los calambres, y lo más importante de todo es que he recuperado la confianza bajando. Y entramos en un campo interesante que no todos los deportistas trabajan: la psicología. La cabeza es un 50% de los resultados en deporte, cuando la mente funciona, el cuerpo saca fuerzas de la más absoluta nada. Continuo el descenso, salgo del bosque y afronto el último kilómetro de bajada corriendo a ritmos muy elevados, para entrar en el pueblo y acabar la carrera, y por ende la temporada, esprintando como es habitual.

Cruzo la meta en el puesto 151 con un tiempo de 5h:22:05" a poco más de un suspiro  (apena s 2h:05':36"  de nada) del ganador Guzman Gonzalez Mantecón, joven atleta leonés que viene pisando muy fuerte y que pronto nos dará muchas alegrías en esta deporte donde apunta maneras de corredor de grandísimo nivel.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y al aparecer bisontes que hablan y esas cosas, nuestro cuento cobra categoría de  fabula, y como tal  debe de tener una moraleja que la ilustre, así que hoy en vez de conclusiones, incluiremos moraleja:

1.- Acaba una temporada muy extraña, con pocas luces y muchas sombras, tantas y tan oscuras  que daría para escribir una trilogía que dejaría al mismísimo Grey convertido en cuento infantil. Sólo   he podido disputar 6 carreras por culpa de los persistentes problemas musculares. Habrá tiempo de analizar todo con calma, asumir los errores de planificación y plantear cambios. Lo que queda claro es que o cambio mi manera de afrontar está disciplina o me quedan  pocos años corriendo  por montaña.

2.- No soy objetivo porque estoy muy vinculado a la prueba, pero fuera  de los percances personales y más allá de los problemas que me han llevado a pasarlo muy mal en algún tramo de la prueba, ha sido uno de los días que más he disfrutado en mi vida corriendo por el monte. La nieve es un elemento mágico para cualquier corredor de montaña y hoy hemos tenido nieve en más de un 90% de la carrera. En muchos momentos de la prueba he tenido la sensación de estar reviviendo  mi participación en la que siempre ha sido mi carrera favorita - Carrera por montaña  Alto Sil-, con la particularidad de que Matallana es una carrera con una fuerte personalidad propia -el cruce temprano del río Torio, La Via Bardaya, el Calero y por encima de todos la  cumbre de Coto Salón hacen que esta prueba sea de esas que merece la pena correr. Yo seguiré colaborando con la prueba en todo aquello que me pidan y me resulte posible, y si los viejos dioses astures me son propicios, espero poder seguir viniendo una y otra vez por muchos más  años para seguir viendo crecer este fantástico proyecto deportivo del que a día de hoy resulta difícil vislumbrar cual es su techo. Por todo  ello quiere dar las gracias públicamente a Miguel, Camino y Joaquin, las 3 personas que han dado vida a esta criatura por todo lo que han conseguido hacer, y por mostrarnos  que sigue habiendo otra manera de entender el deporte, que es posible generar un proyecto de altísima calidad y sin coste para el corredor (la palabra GRATIS en el mundo de lo políticamente correcto puede generar suspicacias en ciertos estamentos de nuestra disciplina), porque lo importante es reducir al máximo lo gastos superfluos o prescindibles, y centrar todos los esfuerzos y conocimientos en maximizar los escasos recursos disponibles para atender al verdadero protagonista de esta fiesta que no es otro que  el CORREDOR, de manera que  todos los participantes,  desde el primero al último, se sientan igual de importantes, porque lo realmente lo son. Cuando dentro de algunos años, espero que muchos,  deje de correr, todo lo que quedará de mi paso por este deporte serán   un montón de batallitas contadas con mayor o menor tino en este blog, y a un montón de recuerdos grabados a fuego en la mente, y esta carrera tendrá un hueco especial entre ellos.

La temporada 2017 ya es historia, ahora toca descansar y con calma pensar en el año que pronto comenzará. Mientras nos quede ilusión y motivación, la montaña siempre seguirá  esperándonos y  guiando nuestros anhelos y  sueños de superación.

MUCHAS GRACIAS a todos los que habéis compartido kilómetros, esfuerzos  y momentos esta temporada. No se todavía ni donde, ni cuando...pero nos volveremos a ver en la alguna carrera en 2018

Perfil de la prueba

lunes, 27 de noviembre de 2017

La abuela "finisher" de Fabián Roncero y la falta de respeto al corredor popular

“Hasta mi abuela es finisher tardando 18 horas. ¿Qué mérito tiene eso?”  Esta contundente reflexión pronunciada recientemente por Fabián  Roncero es una  muestra más de la corriente crítica contra el deportista popular que sigue creciendo  dentro del mundo de  las carreras pedestres. Esta corriente de opinión, que al menos públicamente sigue siendo minoritaria, solía centrar sus críticas en las carreras de asfalto con andanadas del estilo ¿cualquier corredor que acaba una maratón debe de ser considerado maratonista?, pero  hasta ahora afortunadamente habían olvidado nuestro mundo de las carreras por montaña, probablemente porque para muchos practicantes del atletismo tradicional   los que corremos por montaña somos bichos raros que ni siquiera  merecemos la consideración de atletas.  No obstante algún palo nos suele caer,  a veces son atletas  de alto nivel cegados por su ego y brillo interior –como podría ser el caso que nos compete-, en otros casos son autoproclamados gurús del deporte guiados por su marcada falta de luces –Josef Ajram entraría en esta categoría- los que disparan sin piedad contra los corredores de menor nivel, esos a los que desprecian por su escaso desempeño físico y a los que despectivamente suelen  consideran “runners”, por no llamarlos directamente inútiles o globeros que suena más feo.
¿Y por qué empieza a suceder esto  cada vez con más frecuencia? Fundamentalmente porque ha comenzado a entrar dinero en el mundo de las carreras por montaña, y paradójicamente en algunas ocasiones no son los corredores elite los que se están beneficiando de manera exclusiva, dándose casos de corredores marcadamente populares que han conseguido importante repercusión a nivel mediático e incluso a nivel de patrocinios con su manera desenfadada  de entender este deporte y parece que esto no gusta a determinados deportistas de nivel que de alguna manera se sienten ninguneados por no alcanzar la repercusión mediática y la consecuente repercusión económica  que creen merecer.
Cabe reseñar que los ataques siempre vienen desde fuera del propio mundo del trail, disciplina donde la coexistencia entre élites y populares hasta el momento siempre  resulta ejemplar y donde aparentemente hay  una perfecta simbiosis entre ambos colectivos,  los populares admiran a los élite y los élite a su vez  muestran respeto por los populares. Este fenómeno probablemente derive  de   que todos los que corren por montaña, independientemente de su nivel físico, son conscientes de que el verdadero  rival al que uno se enfrenta en este tipo de pruebas de elevado desgaste físico es uno mismo, teniendo el mismo merito completar un carrera de 20, 60 o 100 kms para todos sus participantes, los primeros por el altísimo ritmo que son capaces de mantener durante muchos kilómetros,  y los últimos por la cantidad de horas que se mantienen activos para superar las dificultades orográficas, sumado a  las grandes dificultades personales que deben de afrontar antes de cruzar esa ansiada  línea de meta. Y es que aunque suene tópico  no todo el mundo tiene la genética, los medios y el tiempo necesario para entrenar como un atleta profesional, e intentar preparar pruebas de gran resistencia física, da igual que sean carreras por montaña, triatlones o pruebas ciclistas, compatibilizando entrenamientos con trabajos extenuantes, obligaciones personales de diversa índole y/o familias con niños, hace que las condiciones de partida ya sean diferentes para ambos colectivos. Quizá por eso duele ver a un atleta como el señor Roncero, que  por resultados y marcas conseguidas es sin lugar a dudas una de los mejores atletas españoles de toda la historia, lanzar gratuitamente  un comentario tan despectivo hacia todos aquellos  corredores que tanto le admiran. 
Estimado Fabián, posiblemente nunca llegará a leer estas líneas, sin embargo me permito la licencia de afirmar que no ha aprendido usted nada en los muchos años que ha estado practicando atletismo, y se lo digo desde el cariño que usted no muestra por otros compañeros de fatiga,  porque una de las máximas que se inculcaban a los atletas, al menos así era cuando yo entrenaba, era el RESPETO por todos y cada uno de los rivales con los que uno competía independientemente de su nivel competitivo. Alguien que ningunea a otros competidores, podrá correr muy rápido y será un buen corredor, pero siempre será un mal deportista, y si me apura un atleta pésimo, porque atletismo es sinónimo de  RESPETO, SACRIFICIO y HUMILDAD, y en el fondo de la cuestión   la única diferencia entre usted y esos corredores a los que ningunea y desprecia, es que usted es capaz de desplazarte a pie mucho más rápido que ellos, pero olvida que la distancia recorrida siempre es la misma para todos.
Y se lo digo yo que corriendo soy más malo que la carne de perro, que  no paso de senderista pretencioso porque mi nivel físico  no me da para ser considerado ni siquiera corredor – de atleta ya mejor ni hablamos- aunque hubo una época muy, muy  lejana donde era capaz de correr un poco menos despacio que ahora, nada especialmente destacable para cualquier atleta de nivel medio, sin embargo  bajar de 1h:15 en media maratón o de 33 minutos en 10.000 metros me permitió conseguir alguna medalla o algún buen puesto en categorías inferiores, lo cierto es que inexplicablemente  llegué hasta la categoría promesa  “haciendo que corría”, aunque siendo realistas  nunca prometí nada como deportista. Esos pequeños logros de los que le hablo se reducen hoy en día a unos cuantos trofeos herrumbrosos  en un rincón lúgubre y olvidado del trastero, sin embargo conservo intactos un montón de recuerdos asociados a las carreras por montaña, carreras como  Alto Sil 2012  donde peleando con terribles calambres desde que quedaban  10 kms a meta, disputando en compañía del escoba los último 3 kms, conseguí alcanzar la meta con apenas segundos de margen sobre el cierre de control, ese día lógicamente  no gané a nadie, posiblemente llegué muchos minutos detrás de su abuela don Fabián, sin embargo esa sensación de orgullo que acompaña a la  superación personal es algo que nunca sentirá usted señor Roncero, porque este deporte es mucho más que una marca o un buen puesto, es una batalla constante de superación personal, y  quién no entienda esta sencilla premisa de partida, no entiende nada de deporte.  Por lo anteriormente expuesto  creo que se ha equivocado de manera notable señor Roncero, si realmente piensa lo que ha dicho es usted una persona  soberbia, y si sólo lo ha dicho con el fin de crear cierta polémica con el fin de promocionar su nuevo libro, permítame que le diga que es usted muy torpe porque no se ha detenido a valorar que son precisamente esos corredores que minusvalora los compradores potenciales de  su libro ¿O acaso cree que a los corredores élite les importan sus peripecias vitales?

Por cierto señor Roncero, y ya por acabar esta breve reflexión personal en voz alta,  he leído un comentario de otro corredor contestándole en otra plataforma donde  aseguran que  participó usted en la Zegama-Aizkorri y abandonó sin llegar a meta, por más que he buscado este dato no lo he podido confirmar, si así fuera sería una lástima que su abuela no le hubieses esperado para marcarle el ritmo como a todos  esos corredores populares que si consiguieron llegar a meta ese día, populares que TE GANARON, porque el que llega a meta siempre está por delante del que abandona, y a su vez por delante de quién ni siquiera se molesta en intentarlo, y no he escuchado a ninguno de esos populares  criticarte por abandonar  ¿Qué cosas no?. Por eso es tan importante ser humilde en la vida, porque en el fondo tiene usted razón, hasta su abuela puede acabar un ultra en 18 horas…pero HAY QUE ACABARLA.

jueves, 24 de agosto de 2017

Kilómetro vertical Villafeide-Polvoreda 2017

Han pasado ya casi 3 lustros desde que disputé mi primera carrera de montaña y sin embargo hasta ahora nunca me había enfrentado a un kilómetro vertical. Y es que cuando tu  peso corporal ronda los 100 kilogramos, ascender 1000 metros positivos en el menor tiempo posible y de manera agónica,  se presenta como una labor titánica, convirtiendo la misión en  en una especie de versión rustica del Señor de los Anillos  donde alcanzar cumbre se presenta tan complicado como alcanzar las entrañas del mismísimo Mordor, claro que Frodo Bolsón sólo llevaba un pequeño anillo al cuello y a mi me han cargado con  una rueda de molino a la espalda, lo que dificulta seriamente  mi misión.

En cualquier caso la decisión ya está tomada, ha llegado el momento de enfrentarme a mi primer kilómetro vertical  y no se me ocurre mejor lugar  ni me mejor carrera para hacerlo, al fin y al cabo voy a correr en la montaña de 2000 metros que más veces he ascendido en mi vida, y en el seno de una prueba fantástica, de contrastada calidad organizativa y  donde siempre  se trata al corredor con un respeto reverencial.

Llego a la Villalfeide, recojo el dorsal, saludo a los compañeros y rápidamente me desplazo al punto de partida ya que  saldré  apenas 60 segundos  después de la pareja  que abre pista.  A las 17:15  y bajo un sol implacable, se abre el telón y comienza el espectáculo con  Victoria Santamaría y el ilustre Tomás Baños, mi habitual compañero de aventuras. Nervios, un último abrazo con mi  amigo Alfredo Álvarez,  quién hoy será mi pareja de baile,  y a las 15:16 suena el chupinazo y arranca nuestro improvisado encierro alpino.  Y es que Villafeide ha creado una nueva modalidad de encierro, si en el clásico encierro al estilo San Fermín  los mozos  corren despavoridos  delante de los toros por las calles de una población , aquí lo han hecho al revés, han decidido soltar un bisonte salvaje  monte arriba y detrás saldrán como postas los corredores  en intervalos de minuto con el objetivo de dar caza del susodicho animal, o dicho de otra manera en lugar de soltar una liebre para lanzar la prueba como es habitual en atletismo, en Villafeide han ido un paso más allá y han liberado un herbívoro de gran tamaño.
Saliendo en compañía de Alfredo Álvarez (foto Berto La Vid)
Saliendo al galope de toriles. Foto Sául Jiménez)
Primeros 100 metros de la prueba (foto de Berto La Vid)
Con pelaje marrón oscuro, 95,8 kgs de peso y su habitual uniforme de "camuflaje" rojiblanco,  sale al galope el Bisonte del Carvayedo, nuestro animal favorito del universo trail.

Atravesamos el pueblo por la calle principal y enlazamos con la senda de teirra que nos lleva a La Peñica. Salgo rapidísimo lo que me permite alcanzar a Tomás Baños cuando apenas llevamos disputados unos 850 metros.  A partir de aquí comienzo a caminar en los repechos y Tomas que corre a un ritmo constante  me vuelve a adelantar. He pasado el primer kilómetro en 4':37" y ese ritmo es absolutamente insostenible para mi. Unos 500 metros más adelante consigo superarle de nuevo  y ya en solitario aprieto los dientes, y como estaba previsto, trato de avanzar lo más rápido posible en este tramo de aproximación  que nos dejará a los pies del Picu Polvoreda. 
Por el camino que nos lleva a La Peñica con el Picu Polvoreda al fondo (foto de Verónides Moreno)
Finaliza el tramo sencillo de la prueba al paso por el paraje conocido como La Peñica. Llevamos 2'3 kms, estamos en cota 1200 aprox y mi reloj marca  14':55". Ya no hay vuelta atrás, comienza la durísima ascensión al Polvoreda . Si quiero bajar de 60 minutos, que es el exigente objetivo que me he marcado, debo salvar 800 metros positivos y  tocar cumbre en 45 minutos,  misión casi imposible si tenemos en cuenta que  mi mejor registro en este tramo es de 59 minutos.  
Tramo inicial de ascenso al  Polvoreda con   Tomás Baños a rueda (foto Sara Vega)
Después del calentón que me he metido en este tramo inicial, voy con sensación de sed,  lo que siempre es un indicador adelantado de que el proceso de deshidratación corporal ya ha comenzado,  y es que la temperatura es alta y  mi rendimiento siempre desciende alarmantemente con calor. ¡Que panorama más desolador! Soy un proyecto de corredor de montaña al que se le da mal correr con calor en verano y con barro en invierno, lo que vienen a ser condiciones habituales en la montaña, acabamos de descubrir una nueva modalidad de deportista al aire libre: el corredor-bailarina de salón.
En fin, ya en solitario y sin  ninguna referencia, agacho la cabeza y comienzo a ascender mientras disputo mi particular contrarreloj individual.

Por detrás me alcanza una corredora enfundada en una camiseta verde -  la salmantina Verónica Sánchez que a la postre resulto vencedora de la prueba-,  intento seguirla para usarla como liebre  pero apenas aguanto su ritmo  10-15 metros, poco después empiezan a adelantarme más corredores, y veo como uno tras otro se alejan sin poder seguir su marcha.

Vista de la dureza del tramo intermedio de subida al Picu Polvoreda (foto Sara Vega)
Esquiando en estilo alpino (foto Cundi Vega)
El calor aprieta y la sensación de sed se incrementa,  por eso vivo mi llegada al avituallamiento con la alegría de quien acaba de encontrar  un oasis en mitad del desierto. Me tomo un respiro, bebo abundantemente y arranco de nuevo. Llevamos disputados 3'5 kms de prueba, estamos a 1550 metros de altitud aprox y mi garmin indica 37':20".  Las sensaciones han mejorado y más al encontrar el descansillo que se encuentra en la cota 1600-1650, el único tramo de falso llano de toda la dura ascensión. Al paso por la cota 1700 metros comienza el extenuante tramo final de ascensión. Por delante tenemos la  agobiante misión de superar 300 metros positivos en menos apenas 835 metros de distancia. Llevamos disputados 4'35 kms y el reloj marca 50':00". La misión de bajar de la hora se antoja prácticamente imposible pero aquí no se rinde ni Dios. Los corredores que me han adelantado ya están muy lejos y por detrás no se me acerca nadie desde el avituallamiento. Agacho la cabeza y con disciplina espartana arranca tan hercúlea misión. Voy ganando altura y poco a poco  el cansancio va haciendo mella, el bravo Bisonte del Carbayedo lentamente va mutando su fisionomía animal hasta convertirse en poco menos que un tierno peluche,  se le empiezan a ver las costuras y hasta se le cae el relleno por el esfuerzo. Los segundos caen implacablemente y apenas avanzo hasta que al paso por la cota 1875 de altitud el reloj marca los 60 minutos añorados. Todavía quedan 135 metros positivos por delante y hay que mantener la concentración hasta el final. Toca pelear y no bajar los brazos, las piernas duelen, y a estas alturas me siento más pesado que una estatua de mármol pero toca continuar con disciplina espartana.
Últimos 20 metros de la prueba coronando el Picu Polvoreda (foto Javier Nistal)
Un último esfuerzo y por fin logro divisar la cumbre y en ella a  un montón de amigos que me animan y tratan de subirme en volandas. Intento correr esos últimos 30 metros para entrar en meta al trote pero el gemelo izquierdo me lanza dos advertencias de calambre, señal inequívoca de que ya vengo al límite de mis capacidades físicas, así  que tiro de bastones para descargar peso sobre mis maltrecho tren inferior  y alcanzo los 2.007 metros de tan ansiada  cumbre andando.

Al final  invierto un tiempo de 1h:07’:37” en superar los 5,18 km y 964 metros positivos, quedando a  22´:37” del alistano  Santiago Mezquita.
En la cumbre del  Polvoreda (foto Javier Nistal)
10 minutos en cumbre para recuperar el resuello, bajada rápida, ducha de agua caliente y sin apenas margen para disfrutar de la vida social en el tercer tiempo,  toca marchar con la familia. Esta extraña afición mía de correr por el monte, y mi empeño en poder disputar esta carrera a la que tanto cariño le tengo, ya les ha robado un día de vacaciones. Hora y media más tarde, y  llegando a Avilés, me llega un mensaje del maestro Tomás Baños,  indicando que contra toda lógica   él y yo nos hemos encaramado al pódium en la prueba combinada (Trail+Km) en categoría de “viejunos” A. ¡Manda cojones! (con perdon para las damas), 18 años después me subo a un podium y me encuentro a 150 kms de distancia, menos mal que pude enviar por transporte urgente a un "primo" mio que se encontraba en la Reseva Natural de  Riaño para que hiciera los honores de subir al podium en ese segundo cajón.
Podium combinada (Trail+Km Vertical) veterano A: 1.- Jose Manuel Suarez, 2.-Bisonte del Carbayedo, 3.- Tomás Baños

Como siempre llega la hora de extraer conclusiones:

1.- De la organización de la prueba ya no me queda nada por decir que no haya dicho antes, sencillamente es un lujo poder ser parte de una prueba de esta calidad deportiva y humana. Gracias a los fotógrafos por aguantar estoicamente a la solana durante horas y de manera altruista  con el único fin de inmortalizar nuestras pequeñas aventuras, a los muchos amigos que han subido al pico para animarnos durante la prueba, y a los que para mi son los auténticos protagonistas de la prueba: LOS VOLUNTARIOS. Hoy muchos me han reconocido a mi paso- no resulta difícil dado mi uniforme de camuflaje habitual  y mi colosal figura granítica  alejada de los cánones de este deporte-, me han felicitado y me han dado las gracias por mi crónica de su carrera, cuando en realidad soy yo el que les debería de dar las gracias a ellos por tratar a todos los corredores  con tanto cariño año tras año.

2.-A nivel personal me voy muy contento con el debut en esta disciplina y con la seguridad de que volveré a repetir en el futuro. No he conseguido mi objetivo y no hay disculpa posible, la montaña es justa y pone a cada uno en su lugar,  esos casi 68 minutos es lo que realmente valgo, aunque me voy con la sensación de que si las lesiones me respetan y logro controlar el peso, aún tengo un cierto margen de mejora.

3.-Alcanzar un podium ha sido una sorpresa completamente inesperada, no en vano la última vez que me subí a uno fue el 31/12/1998, en aquella ocasión conseguí una de mis típicas hazañas de conquistador de lo absurdo, venciendo tres San Silvestres en categoría absoluta el mismo día y en tres poblaciones diferentes. Después de aquello deje de competir, ya sólo quedan las cenizas (o quizás ni eso)  y ahora mi manera de entender  el  deporte es diferente. Todo podium es por definición  una victoria sobre otros rivales, y más allá de servir para incrementar el ego personal, carece de mayor significado, todos estos años luchando contra el corredor escoba y los controles de paso por alcanzar cada meta en carrera  me ha enseñado que las únicas victorias que realmente merecen la pena son las que se consiguen compitiendo contra uno mismo y las limitaciones propias. Según mis previsiones no volveré a subirme a un pocium hasta el año 2035, así que estadísticamente es más posible que veamos humanos colonizando el planeta Marte, que bisontes subidos en cajones de madera al finalizar una prueba deportiva.

No tengo ninguna carrera planificada hasta diciembre, así que me voy a tomar 2-3 semanas de descanso y ya habrá tiempo de pensar en nuevos retos para septiembre u octubre. 

Próxima parada del Bisonte World Tour 2017: ¿Peñacorada Trail,  Sanabria by Stages, Montaña Palentina?  ¡El tiempo dirá!...aunque escucho a escuchar sugerencias

Nos vemos en la montaña